Alimentación y Celulitis

miércoles, 20 de agosto de 2008


Cuando hablamos de celulitis, nos referimos a un excesivo almacenamiento de grasas de reserva en el tejido adiposo, almacenamiento que viene acompañado de retención de líquidos e inflamación de la zona afectada.

Es decir, se produce una acumulación de grasa en las células adiposas en virtud de la cual éstas se agrandan y se deforman, presionando los vasos sanguíneos y linfáticos que las rodean.

Como consecuencia, se produce una retención de líquidos en el tejido graso, al tiempo que se degeneran las fibras de colágeno. Es entonces cuando aparecen las sobrecargas o cartucheras y la piel adquiere un aspecto acolchado que habitualmente se denomina piel de naranja: una piel llena de bultos que se perciben a simple vista o pellizcando la piel. En estados avanzados, la celulitis puede crear problemas de más difícil solución como flacidez, edemas, varices, estrías y piernas cansadas, instalándose en zonas muy específicas del cuerpo como caderas, glúteos, vientre, muslos, rodillas y tobillos.

Nadie nace condenado a padecer celulitis. Ni hombres ni mujeres. De hecho, los adipocitos son básicamente iguales entre ambos sexos. Es el sistema hormonal el que hace que, con la llegada de la pubertad, aparezcan las diferencias. Y en el caso de la mujer, una de esas diferencias es la propensión a acumular grasa como fruto de los estímulos que sus hormonas envían a los adipocitos. A fin de cuentas, la grasa cumple una función esencial en la reproducción de la especie y la naturaleza se ha asegurado de que la mujer almacene en su cuerpo la energía necesaria para hacer frente a etapas como el embarazo o la lactancia. En ese sentido, se ha constatado que tanto la baja fertilidad como la esterilidad son más frecuentes en mujeres delgadas o de masa muscular muy desarrollada que en las entraditas en carnes pero hay que matizar que no se trata de un hecho determinante puesto que hay mujeres que han dado a luz varios hijos y nunca han tenido celulitis.

Generalmente, la celulitis suele combatirse por razones estéticas pero en muchos casos el problema se convierte en una enfermedad dolorosa e, incluso, incapacitante. Una celulitis muy acusada puede llevar asociados trastornos como cefaleas, depresión, baja autoestima, hipersensibilidad, artritis y hasta deformaciones físicas y en tales casos ya no hablamos de un problema estético sino de salud.

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