CELULITIS El buen drenaje

miércoles, 20 de agosto de 2008

El agua es la fuente de la vida en la mística y en el símbolo, y en la ciencia: del agua parte la vida. Flotamos en el océano primordial del claustro materno (el líquido amniótico), y nuestro organismo es fundamentalmente agua. Como dice la sentencia rusa, "si el pan es nuestro padre; el agua nuestra madre".

Muchos de los problemas que padece la humanidad están relacionados con el fluido de los líquidos internos, por exceso o por defecto. Pero en las cuestiones del ánima es posible que suframos tempestades del mar interno, galernas en el agua celular, que nos empujen a las grandes pasiones, altas o bajas, pero enormes en cuanto a sus consecuencias.

La metáfora acuática puede servirnos para construir teorías sobre la humanidad y su relación con el cosmos, a la par que con los elementos planetarios, pues si somos agua con sustancias disueltas, nuestra vulnerabilidad es mucho mayor de lo que la humildad nos sugiere.

Pero limitándonos al soma, al cuerpo, es bien cierto que está plagado de ríos y, cuando la enfermedad nos aqueja, también de pequeños lagos (los edemas). El agua en el Mar Muerto tiene tal densidad salina que los cuerpos pueden flotar en ella sin ninguna ayuda. De la misma forma, si nuestro organismo recibe más sal de la debida, retendrá agua y nuestro fluido será más denso. De ahí mi obsesión por hablar de esta cuestión tan importante para la celulitis. Es necesario drenar los ríos somáticos si queremos evitar inundaciones peligrosas.

La armonía y el equilibrio son siempre necesarios para la mente, la belleza, el amor y el arte; el agua de los seres vivos requiere también un balance perfecto si queremos disfrutar de la salud.

Algunas secuelas psicológicas determinan la felicidad como la ausencia de dolor. La felicidad (la salud, el amor, la buena economía) sería el placer, y lo contrario el displacer, o sea, el desequilibrio, la ruptura de los niveles gozosos de la existencia. Pero estas escuelas no se refieren a los estados intermedios, que son los más frecuentes, pues no creo que nadie, a no ser en instantes muy precisos de la existencia, pueda decir que es feliz.

Bien mirado, la felicidad es algo que sólo puede ser considerado en pasado, pues posiblemente seamos incapaces de valorar en presente nuestro gozo. ¡Qué feliz fui ayer! ¡Qué bien lo pasé el verano pasado en la playa!

El agua es vital, es la vida misma. Y es poesía, universo y orden.

El dolor, la enfermedad, es desorden y caos.

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